Preguntas tontas
¿Cuántas veces habremos escuchado eso de: no hay preguntas tontas?
Seguro que alguna vez has experimentado esa sensación de no estar entendiendo algo que te esté explicando alguien. Incluso, esa sensación de que el resto tampoco se está enterando. Pero todo el mundo callado. Nadie quiere romper el equilibrio de Nash que se ha creado.
I.
El equilibrio de Nash no es por Steve Nash, mítico base estadounidense, sino por John Nash, matemático y ganador del premio Nobel de economía en el año 1994. La película “Una mente maravillosa” relata su vida y su batalla interior contra la enfermedad mental. Las aportaciones de John Nash al ámbito académico tienen que ver con la denominada teoría de juegos.
La teoría de juegos es un área de la matemática aplicada dedicada a estudiar el comportamiento estratégico de los individuos, cuando se encuentran en una situación (a la que llamamos juego) en la que sus decisiones y las del resto de individuos influyen en sus resultados.
Un ejemplo clásico analizado desde esta óptica es el del dilema del prisionero, que relata el siguiente escenario: dos ladrones son arrestados por la policía sin pruebas del delito que han cometido, de forma que no existe forma de condenarles a prisión. Por tanto, la policía toma otra vía y les encierra en celdas separadas para interrogarles.
En el interrogatorio la policía plantea a cada ladrón por separado los siguientes escenarios:
Si reconoces la autoría del robo y tu compañero también, ambos seréis condenados con 5 años de cárcel.
Si reconoces la autoría del robo, pero tu compañero calla, a ti te caerán 10 años de cárcel y a tu compañero nada.
Si los dos calláis, con las pocas pruebas disponibles, ambos seréis condenados a un año de cárcel.
Si tú fueses prisionero, ¿qué harías? La teoría de juegos trata de dar respuesta a esta pregunta, considerando únicamente los costes y beneficios respectivos.
Por tanto, dados los supuestos antes expuestos, lo mejor que podrían hacer los prisioneros es cantar y reconocer su delito. De esta forma, se encontrarían en la posición más segura de todas las posibilidades. Porque, si bien si los dos ladrones podrían confiar el uno en el otro y no delatarse, quedaría la puerta abierta a que alguno reconociese la autoría del robo y el otro callase, aplicándosele la máxima condena posible.
Este escenario en el que, si alguno de los dos prisioneros cambia su decisión empeoran sus resultados, es denominado equilibrio de Nash.
II.
¿Y qué tiene que ver todo esto con las preguntas tontas?
Pues estaba pensando si, en realidad, una clase llena hasta la bandera, de un profesor al que nadie es capaz de seguir sería un equilibrio de Nash. ¿Por qué digo esto? Porque se produce una situación similar a la de los prisioneros. Los alumnos de la clase del profesor que explica mal pueden hacer las siguientes cosas:
Preguntar y recibir la aceptación del resto de la clase (“menos mal que has preguntado, no estábamos entendiendo nada”).
Preguntar y no recibir la aceptación del resto de la clase (“con los comentarios que esta situación pueda acarrear).
Que nadie de la clase pregunte, y se queda todo como está.
El equilibrio de Nash sería es punto de “no agresión tácita” que ha invadido a la clase. Nadie pregunta, porque nadie quiere quedar en ridículo. Nadie pregunta, porque nadie quiere parar la clase. No obstante, la gran mayoría puede que esté en una situación muy parecida.
III.
A lo que voy con todo este rollo es que es muy fuerte como, todos muchas veces tenemos muchas dudas y nunca las preguntamos. Y todo por el qué dirán, por tener miedo a hacer una pregunta tonta, por esa soberbia de pensar que las cosas las puedo entender por mí mismo…
En mi caso, podría contar millones de ocasiones en las que las ideas que me querían transmitir no me estaban calando y no quería hacer el esfuerzo de entender lo que me estaban enseñando.
Pero ahí está ese miedo, a pesar de que te dicen eso de que “no hay preguntas tontas”. Porque existe ese miedo a que te digan “no había preguntas tontas en toda la historia de la humanidad, hasta que decidiste abrir el piquito”.
Leía el otro día este post en substack, en el que mencionaba una idea que me parecía muy interesante: la inteligencia es más un compendio de virtudes que intelecto en bruto. Decía el autor, que ser inteligente tenía más que ver con ser honesto, íntegro y valiente. Y con respecto a la valentía, es importante atreverse a lanzar esas preguntas tontas a quiénes nos están enseñando. Romper el equilibrio de Nash del silencio en clase. Ser honesto con uno mismo y reconocer que no sabemos todo y que nos queda mucho que aprender en la vida.
Además, las preguntas “tontas” (de esas que estoy convencido que no existen) son solo una forma de expresar: no me entero. Necesito más contexto para poder construir nuevos conceptos en mi cabeza.
✍️ Cita de la semana.
Algunas preguntas tontas que nos ayuden a entender mejor las cosas:
The best thing I have read on really understanding things is the Sequences, especially the section on Noticing Confusion.
There are some mantra-like questions it can be helpful to ask as you’re thinking through things. Some examples:
But what exactly is X? What is it? (h/t Laura Deming’s post)
Why must X be true? Why does this have to be the case? What is the single, fundamental reason?
Do I really believe that this is true, deep down? Would I bet a large amount of money on it with a friend?
Nabeel S. Qureshi, How To Understand Things
Abrazos,
JASU
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